Adiestramiento

Casi todos los articulos que hablan del adiestramiento de perros comienzan hablando del cachorro, de las galletas, etc. Mi experiencia indica que previo a ello es necesario que el amo haga suya una serie de directrices no relacionadas con su perro, sino con la actitud con que él debe enfrentar el adiestramiento de su compañero canino. A condición de seguirlas siempre, logrará los resultados más rápido y con menos traumas para él y para su perro.

Todo se basa en los siguientes preceptos que jamás debe olvidar:

  1. Un perro tiene una estructura mental muy simple, no apta para comprender sutilezas ni hacer abstracciones.
  2. No tiene moral como la entendemos los humanos. Solamente reconoce el dominio del amo. Este dominio, junto al lazo de cariño que naturalmente se desarrolla entre amo y perro son las dos grandes herramientas del adiestramiento.
  3. Obedecer es un acto contra la naturaleza del animal. Debe ejecutar las instrucciones no porque quiera, sino porque el amo se lo ordena.
  4. Es más difícil eliminar un mal hábito en el perro que enseñarle algo nuevo.
  5. El perro requiere de una actitud simple de su amo, vale decir de una línea. Dar una orden al perro y no obligarlo a cumplirla indica al animal que obedecerla es optativo

Después de un largo esfuerzo por adiestrar a Brick, a lo largo del cual he leído cuanto se ha escrito sobre el tema, y he cometido cuanto error se pueda cometer, he compilado las siguientes directrices de cómo se debe conducir un adiestrador aficionado.

El adiestramiento de un perro es una labor interminable que requiere una dedicación constante.

En los dos primeros años de Brick hice el esfuerzo de tener sesiones de adiestramiento dos o tres veces todos los días, y hasta hoy cada vez que puedo hacemos ejercicios de sentarse, quieto, traer, etc. Tenga esto en consideración antes de embarcarse en adiestrar su perro.

Haga sesiones de adiestramiento solamente cuando Ud. y el perro estén de buen ánimo.

Es preferible saltarse una o dos sesiones -e inclusive uno o dos días- en vez de un desastre de sesión en que solamente hay gritos y castigos. Ello significará probablemente un retroceso difícil de remontar.

Desarrolle un lenguaje sencillo y único para comunicarse con su perro

Y no lo varíe. Use una única voz para cada orden.

Enseñe a su perro solamente lo necesario

Es muy espectacular ver ejemplares que realizan actos cuasi circenses, pero la atención del amo y del perro en el adiestramiento de ellas se habría aprovechado mucho más en lo que realmente sirve.

Nunca dé una orden al perro si no está en posición o ánimo de obligarlo a cumplirla

En el principio, cuando el perro no conoce el significado de la orden, ésto es para comunicar correctamente al perro qué es lo que se desea que haga, sin confundirlo. Luego, cuando el animal ya sabe qué debe hacer, es necesario para indicarle que las órdenes son para obedecerlas siempre y en el momento en que el amo se las dá.

No permita que otros den órdenes al perro

Esto es especialmente difícil. La extrema dulzura de un Labrador -y para qué decir de un cachorro labrador- incita a todos en la casa a estar con él, especialmente a los niños. Dígales que pueden jugar con él cuanto quieran, pero pídales que no le den órdenes, ya que esto “enseñará” al ejemplar que obedecer es optativo. Si esto no es posible de lograr, deberá vivir con ello, y la labor de adiestramiento será más lenta y difícil.

Dos sesiones de diez -o tres de cinco- minutos diarios son mejores que una de veinte minutos, y ambas mejores que una semanal de una hora

Los cachorros especialmente se aburren rápidamente, y dejan de asimilar. Observe el estado de ánimo del perro para decidir cuándo detener una sesión.

Provoque el éxito del perro

No lo deje en posición de quieto hasta que la rompa para amonestarlo. Parta con intervalos muy breves -1 segundo, por ejemplo- y alárguelos de a poco.

No sea tacaño con las expresiones de cariño

Así como deberá expresar su malestar por las transgresiones del perro, muéstrele sin reparos su complacencia por una instrucción bien ejecutada.

Su perro no comprende el contenido de sus palabras. No tiene sentido alguno dialogar con él.

Sólo entiende su entonación, sonido global y el lenguaje gesticular de su cuerpo. Es la forma de decirle cuándo lo está haciendo bien y cuándo no.

Una reprimenda bien dada en el momento justo es mejor que varias más suaves y/o no oportunas

Cuando debí enseñar a Brick a no abalanzarse sobre un objeto arrojado, sino a esperar la orden, le puse la correa, lo senté en la posición de quieto -que ya hacía correctamente- y lancé el objeto. Brick se salió del quieto, y al llegar al final de la correa se dió un tirón tan fuerte que quedó mirando para el otro lado (yo sabía lo que iba a pasar, y estaba preparado). El no entendía nada. Lo tomé, lo acaricié, lo senté en posición de quieto nuevamente, y repetí el experimento. ¡Exito! Luego un par de repeticiones, otras sin correa, vuelta a la correa un par de veces cuando lo hizo mal, y repetir hasta hoy.

Inicie siempre las sesiones permitiendo que el perro corra y juegue un poco

Ello le permitirá liberar un poco las energías acumuladas y le pondrá en buen estado de ánimo para comenzar. También tiene por propósito “decirle” al animal que las sesiones de adiestramiento no son solamente para obedecer (que como ya sabemos, va contra su naturaleza).

Inicie las sesiones con un éxito del perro

Repasar lo ya sabido es una buena práctica, tanto para reforzarlo como para poner al perro de buen ánimo y en “modo” de aprender. La sesión será más fácil y cooperativa.

Termine las sesiones con un éxito del perro

La próxima sesión será más fácil y cooperativa por el buen recuerdo del final que ambos tendrán.

Jamás lo golpee con las manos o la correa

Son elementos de adiestramiento, y su perro no debe desconfiar de ellas. Para reconvenirlo, lo mejor es tomarlo por la piel del cuello y sacudirlo un par de veces (por favor no lo apriete), gritando cualquier cosa en un tono de voz fuerte. Luego tome la correa, paséelo un par de metros, tranquilícelo con voz suave y unas palmadas, y repita el ejercicio por el cual lo reprendió.

Tome en consideración la edad, tamaño y sensibilidad del animal para determinar el volumen de la voz y la vehemencia de los sacudones. Hay ejemplares a los que basta mirarlos con los ojos ceñudos.

Recuerde que esos gritos no son porque Ud. ha perdido la paciencia. Son un acto “teatral”.